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 Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".

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Antón
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MensajeTema: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 24 Ene - 23:57

Reflexiones post-anarquistas. Revolución, deseo y diferencia. Antón Fernández de Rota

En pdf en: www.nodo50.org/transversal/reflexiones_postanarquistas.pdf
En html en: www.nodo50.org/transversal/reflexiones_postanarquistas.htm
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Antón
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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:10

Roi ha tenido problemas técnicos para colgar su opinión del artículo en este foro y me ha pedido que lo cuelgue yo. Así que ahí va:

Las citas forman parte de mi texto "Reflexiones post-anarquistas", las respuestas entre estos signos >>> <<< son las del compa del CICA Roi.
Citación:
Dentro del anarquismo existieron y existen muy diversas tendencias, muchas veces incluso irreconciliables. Tal es el caso del liquidador neo-primitivismo (Zerzan, et al) frente al progresismo reformador de Chomsky o el recientemente fallecido Bookchin, por citar un par de ejemplos. Hay también vertientes radicalmente individualistas, inspiradas por el excéntrico Max Stirner, que nunca se refirió a sí mismo como anarquista, pero, sin duda, si una fue la mayoritaria esa fue el anarco-sindicalismo, una corriente socialista (libertaria) fundada sobre la (crítica obrera) de la Economía Política , crítica aunque dentro de ella


Roi:>>> Sin embargo, Zerzan supo situar en la derrota del movimiento luddita el factor recuperador de los primeros sindicatos -que por cierto, eran organizaciones de oficio derivadas de la organización gremial feudal, con un carácter aristocrático, no conviene olvidar este origen. Y en cambio Chomsky o Bookchin no me consta que hayan defendido una política revolucionaria, más bien al contrario, no han pasado de ser críticos de la extrema izquierda. Por lo tanto, creo que el balance es más complejo y por lo menos el primitivismo ha ido hacia una crítica más radical. El problema es que “no es la crítica, sino la revolución” la fuerza motriz de la historia, y desde esta óptica, en el plano del trabajo teórico lo que importa es la capacidad para llegar a nuevas perspectivas en positivo.<<<

Citación:
El anarcosindicalismo, hoy minoritario en algunos países (EEUU), mayoritario en otros (España), sigue siendo una fracción muy importante del movimiento. No cabe duda de que el anarcosindicalismo actual, por mucho que siga refiriéndose al 1936 y que este acontecimiento continúe siendo central en la constitución de su identidad, ya no es lo que fue. Muchas cosas han mutado en su composición con el devenir de los tiempos y el cambio en las subjetividades. Su discurso obrerista es casi el de siempre, su burocratismo similar, pero la subjetividad de los sindicatos del siglo XXI ha cambiado. Ya no es necesario un grupo como fue en su tiempo Mujeres Libres para combatir el machismo interno, tampoco sería hoy necesario crear un colectivo gay con las mismas intenciones anti-homófobas. De igual modo, la crítica de la retórica del progreso, cínica o miope, tiene hoy el terreno allanado en muchas federaciones locales y el ecologismo rezumba en casi todas ellas, mucho más que en sus tiempos gloriosos. Sin embargo, la estrategia sindical, el fin de esa estrategia, la forma de entender la revolución, el discurso economicista, el obrerismo y su forma burocrática siguen siendo hoy sus santos y señas, marcas de fábrica que poco ha sido lo que han cambiado. Poco o más bien nada ha mutado la percepción que se tiene del papel que debería jugar el sindicato en el proceso revolucionario. La idea sigue siendo crear un sindicato de masas que progresivamente se vaya haciendo con el poder en el reino económico, hasta que consiga derribar el estado. Sobra decir, y así nos lo hicieron saber los planificadores de la sociedad futura en vísperas de la revolución (véase el Congreso de la CNT de 1936), que en la vieja utopía anarcosindical las estructuras del sindicato con todo su entramado adyacente (ateneos, cooperativas de consumo, etc.) deberían ser quienes llevasen las nuevas riendas sociales, o al menos así debería ser en la situación ideal, esto es, si en el momento revolucionario el sindicato es omnipotente y no necesita pactar con otras fracciones revolucionarias.
Lejos de quienes prematuramente quieren poner fin al sindicalismo antagonista pronosticándole una prematura muerte, creo que éste tiene todavía un papel que jugar. No será el rol comentado, qué duda cabe, pero puede proporcionar al antagonismo un elemento interesante si consigue superar ciertos lastres del pasado. Ante él, en este periodo post-obrerista de luchas, se plantea la problemática del continuismo o la refundación, dos polos que no son otros sino los de la musealización o su salto hacia delante, su aprehensión de las pulsaciones de estos tiempos, y que requeriría su metamorfosis y renacimiento como biosindicalismo.


Roi: >>> Pero si el anarcosindicalismo tiene toda esa serie de características estructurales reaccionarias, en la práctica el ascenso de la lucha de clases lo situará en un papel regresivo, contrarrevolucionario. Lo que ahora es un límite, en una condición de lucha agudizada no puede seguir latente y se manifestará en su naturaleza inmanente, intentando destruir la automomía de clase o impedir su emergencia con la excusa de defenderla y de que el sindicato es “autónomo”. Por tanto, esta falsa conciencia hay que combatirla desde ya para poder sacar adelante un movimiento revolucionario coherente. Todo esto ya se vió con el papel de la CNT en las luchas de los 70, con su intención de dirigir “asambleariamente” las luchas -desde sus asambleas seccionales, claro-. Otro tanto ocurre con el faismo y el plataformismo.
En consecuencia, si el anarcosindicalismo no va a morir es porque cumple una función capitalista, no revolucionaria o progresiva para el desarrollo prerrevolucionario. Tu no analizas nada de esto seriamente y no se cambian las cosas por cambiarles de nombre (“biosindicalismo”). El sindicalismo puede ampliarse porque el antagonismo de clase ha permeado todos los poros de la vida social debido a la tendencia del capitalismo a subsumir totalmente la vida humana en su automovimiento de valorización. Pero eso no lo hará progresivo, sólo resaltará y hará más inmediatos sus rasgos regresivos. La cuestión no es si un sindicalismo o si otro, sino la ruptura con el sindicalismo, la emergencia de un movimiento autónomo que recoja y exprese los intereses integrales de l@s trabajadore/as. Y esto hace inevitable la quiebra de la estructura sindical misma, porque se funda en la organización de l@s trabajadore/as como asalariad@s, como capital variable, y esto mismo hace que no pueda desarrollar una praxis progresiva coherente. Sigue siendo cierto que una organización es lo que es porque sus miembros son lo que son, y no es en absoluto cierto que porque una organización asuma una ideología revolucionaria vaya por ello a constituir el recipiente al que afluirán los elementos más avanzados de la clase obrera para organizarse. Todo esto son fantasías y refleja una visión uniformizante y mecanicista de los procesos de autoorganización proletaria, que en la práctica se traduce en los intentos de imponer al movimiento de clase el corsé de las estructuras sindicales y a intentar venderle como sea la “alternativa sindical”.
Tampoco mencionas la gran diferencia entre el anarcosindicalismo y el sindicalismo anarquista militante tipo FORA, que todavía es hoy defendido por gente en Argentina o en Rusia, que se oponen a la concepción anarcosindicalista de “sindicato con ideología anarquista” y se orientan más bien a una organización de anarquistas para la lucha. Esto sigue siendo bastante ideológico, pero se aproxima más a un tipo revolucionario de organización. Pero la cuestión para que una organización sea revolucionaria no es la afinidad de ideas, sino la coherencia práctica y, por tanto, que exista un compromiso individual de cooperación para la acción orientada a la revolución. <<<

Citación:
No sería menos lo que habría que criticar a la otra fracción del anarquismo actual, el habitualmente denominado “anarquismo autónomo”. En él, en los últimos años, se ha vivido una frenética experimentación con las ideas, si bien con una seriedad y profundidad más que precaria. Además, las nuevas ideas e identidades políticas, si bien han contribuido a hacer de él un devenir irrecuperable por las instancias de la dominación, también han desembocado en políticas autodestructivas (tal sería el caso del insurreccionalismo), posicionamientos identitarios aislacionistas o guettistas que no conllevan más que un desempoderamiento del cuerpo anarco-autónomo. En este artículo se defenderá que, si el anarquismo tiene hoy alguna utilidad de cara a transformar el mundo de una manera revolucionaria, para hacerlo ha de reinventarse completamente, aunque esto pase por dejar de ser lo que fue y lo que es.


Roi >>> Pero el insurreccionalismo ha sido la primera corriente anarquista en intentar formular en positivo la superación del sindicalismo, proponiendo la formación de núcleos autónomos de base que se aproximan bastante a la idea consejista de las uniones obreras, que surgió como experiencia práctica autoorganizativa en la Alemania de 1919-1923. Creo que el artículo carece de un balance serio de estas aportaciones.<<<



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Última edición por el Miér 31 Ene - 19:32, editado 2 veces
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Antón
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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:12

Citación:
Una serie de golpes y contragolpes modelan la figura de nuestro periodo post-obrerista. Distintos martillazos golpearon contra la bandera roja por “un rostro más humano” en Hungría 1956 y en Praga 1968. Definitivamente, la bandera fue derribada en 1989 y 1991. En los países capitalistas hubo un momento común a muchos de ellos que fue especialmente agresivo y radical a finales de los años sesenta.
La década de los 1960 no fue tanto el “nacimiento de una contracultura” como la generalización y la refundación creativa de otra que por debajo latía y se había configurado en los grupos de artistas (surrealistas, dadá, etc.), estudiantes, bohemios, ciertos intelectuales y músicos al vapor de las luchas sociales y el paulatino minado del puritanismo y ascetismo. El 1968 marca simbólicamente la eclosión multitudinaria de este flujo contracultural, singular en cada territorio: casi insurreccional en EEUU desde la primavera del 1964, posiblemente la localización antagonista más radical culturalmente hablando junto con Holanda; especialmente conflictivos también los alemanes, franceses y sobre todo los italianos, cuya rebelión se prolongaría hasta el final de los setenta. Común a todas estas emergencias semi-globales (desde Brasil a Japón) fue el rechazo ampliamente extendido del autoritarismo, las burocracias, el vanguardismo marxista y su dictadura del proletariado. Los insurgentes, de forma generalizada, apostaron por ideas y prácticas que los acercaban mucho a las postuladas por las corrientes anarquistas: autogestión, asamblearismo, políticas no-representativas y performativas, democracia directa, lucha extraparlamentaria.


Roi >>> Corrijo parcialmente: estas ideas fueron sobre todo la herencia del comunismo de consejos, no del anarquismo. De ahí grupos como Solidarity, Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista. Tampoco la Autonomía Operaria venía del anarquismo. Los rasgos de esta emergencia, en tanto tocaron de lleno las formas tradicionales de organización, pensamiento y acción del moimiento obrero, tienen su referente en el comunismo de consejos. Porque el comunismo de consejos ya había integrado o desarrollado estas ideas mucho antes y las había implicado en una nueva cosmovisión revolucionaria. Lo que ocurrió en el 68 fue la manifestación práctica de lo que el consejismo teorizó e intuyó de manera más limitada. <<<

Citación:
Las organizaciones clásicas del periodo obrerista, el sindicato de masas y el partido obrero, entraron en una profunda crisis con la proliferación de estos flujos de subjetividad, deseos e ideas. Una crisis de la que ya no se recuperarían. En muchos lugares la crisis ya era manifiesta tiempo antes. El horror de los crímenes estalinistas se hicieron definitivamente públicos con la llegada al poder de Kruschev. Desde principios de los sesenta el tedio que causaban las burocracias político-sindicales era ya patente. En muchos países los sindicatos y partidos habían reformado sus políticas y se habían acabado por entregar en los brazos de las formaciones estatales capitalistas. 1968 fue el momento en que finalmente tales organizaciones se mostraron no ya como un impedimento sino como enemigos abiertos de lo revolucionario. Tanto en EEUU como en Francia como en Italia (en 1968 y 1977) ejercieron de apagafuegos de las revueltas y como formaciones reaccionarias frente la revolución cultural en curso. Tampoco el obrerismo que permanecía antagonista supo, ni quiso, ni pudo actualizarse y recombinarse con esta drástica mutación de la subjetividad antagonista, es decir, con sus nuevas formas culturales, políticas y deseantes. Unos y otros no se entendían; no obstante la contracultura y la nueva izquierda ponían en entredicho la primacía de lo económico, su determinación económica de lo político-cultural. Los nuevos rebeldes ponían en tela de juicio la idea del proletariado como el (único) agente revolucionario. De hecho, y contra todas las previsiones obreristas, la revolución no era llevado a cabo por la clase obrera en tanto clase, tampoco ocurría en el momento de máxima tensión de las contradicciones económicas sino en plena bonanza, en la “edad dorada” del capitalismo: sin darse las “condiciones objetivas”, subjetivamente los revolucionarios construían sus propias condiciones. Era el deseo con sus líneas de fuga y no las “contradicciones económicas” el que las producía.



Roi >>> Aquí tu balance del sindicalismo se contradice con lo dicho antes sobre el anarcosindicalismo. Lo que en esa época se ponía en tela de juicio no era al proletariado, sino a una concepción del proletariado y a una forma de conciencia “de clase” alienada, fundada en la identidad con el trabajo asalariado. Pero quienes lucharon eran, desde el punto de vista de su relación con el capital, elementos proletari@s o sujetos al proceso de proletarización, o bien, como puede ejemplificar Cohn-Bendit, se convirtieron en reformistas vulgares y corrientes. La difuminidad de la perspectiva de clase era un reflejo de la inmadurez del movimiento, que no llegó a formular una nueva cosmovisión proletaria. Todo movimiento crea sus propias condiciones, pero lo hace bajo los límites históricos objetivos y subjetivos que se dan y que sólo puede alterar en cierta medida. Por eso fracasó. La cuestión es que las “condiciones objetivas” tienen que ver más con la dinámica del antagonismo de clase y éste está constituido por el carácter alienado del trabajo y la vida, no por el reparto de la riqueza o la política estatal que son sólo consecuencias derivadas en principio. El sistema estaba mostrando su tendencia al estancamiento, poniendo límites al desarrollo de las luchas reformistas -que antes parecía que podían ir siempre más allá-, mientras el desarrollo tecnológico hacía más abstracto el trabajo y los imperativos capitalistas dominaban toda la vida social. De lo contrario no se explica por qué finales de los 60 y los 70 mismos son un período de ascenso de las luchas proletarias en general, de emergencia de nuevas praxis autónomas, etc.. <<<

Citación:
Estas fugas contraculturales del deseo se producían tanto dentro de los sectores politizados como en los “apolíticos”. Los sindicatos, los partidos, incluso una parte del movimiento estudiantil intentaron “politizar” esta subversión y lo intentaron de la forma que tradicionalmente se hacía: mediante la inmersión en la clase obrera, mediante la creación de una identidad de clase trabajadora, “concienciándolos” dentro de la Economía Política. Pero los nuevos rebeldes se escapaban de estas codificaciones económicas: su lucha no era por otra economía sino por cambiar la vida entera, por una afectividad, por una sexualidad, por una convivialidad, por un estilo de vida y unos principios distintos, muchas veces incompatibles o contrarios a los valores económicos. Se posicionaron radicalmente en contra de la ética del trabajo y en contra del principio instrumental de la economía y defendieron la sustitución de todo esto por una creatividad “artística” (“la imaginación al poder”), una poietica no “productivista”. De ahí el enorme éxodo de los jóvenes hacia fuera de las fábricas, lugar de referencia central para los partidos y sindicatos de clase.


Roi >>> O sea, se afirmaron como proletariado revolucionario, esto es: su praxis intentó ser una autonegación de su condición de proletarios y hacer efectivo en ella su carácter de clase. Porque la clase social no es una entidad económica, sino integral, que comprende toda la vida. Pero esto se formuló de manera negativa porque las viejas organizaciones, intelectuales, etc., tenían el “monopolio” social del “pensamiento” revolucionario (en la forma). Así que esta rebelión contra el capitalismo se convirtió en rebelión contra el movimiento obrero, pero identificándolo con “el movimiento obrero como tal”, con el proletariado como tal, etc. De ahí que surgiesen tendencias liquidacionistas del tipo de las ideologías antitrabajo, que hicieron de la negación del proletariado -de su existencia misma o de su potencial revolucionario- su bandera. <<<


Citación:
Con el rechazo al trabajo fordista y fabril los jóvenes inventaban formas de vida y trabajo flexibles e intermitentes, alternando meses de trabajo y meses de fiesta, viaje y experiencias personales y comunitarias. Este éxodo del trabajo en la sociedad de (casi) pleno empleo fue un rechazo a los viejos cánones fordistas en los que se inscribían tanto los burgueses como los obreros (y obreristas) socialistas y anarquistas. El rechazo al trabajo fue también un rechazo a cualquier forma de disciplina y rigidez. En oposición al trabajo o al matrimonio de por vida se practicaban formas flexibles y experimentales con las que combatir tales instituciones. “Cambiar la vida, cambiar la sociedad” era el lema. Las revueltas contraculturales de 1967-68-69 ó 1977 fueron rebeliones contra la sociedad disciplinaria, contra el panopticismo, sus exclusiones y sus normalizaciones: contra el matrimonio, los psiquiátricos, la escuela y la universidad, la fábrica, la familia, etc. Todas estas instituciones fueron cuestionadas a la vez que se hacía lo propio con las dos formas disciplinares tradicionales del e inmanentes al antagonismo: el partido y el sindicato.
Estas fracturas históricas significaron el fin del proletariado en tanto “sujeto revolucionario”; marcaron el fin de la clase obrera en tanto patrón-oro de las revueltas y las contradicciones entre la dominación y sus antagonistas. Los sesenta significaron también la aparición transversal de nuevos frentes de lucha que aún hoy permanecen vivos y abiertos, susceptibles de derivas revolucionarias: el feminismo, el anti-racismo, el pacifismo y el antimilitarismo, los jóvenes y estudiantes que reclaman la palabra, los artistas rebeldes, los neo-utopistas (en okupas urbanas o rurales), y más tarde el ecologismo, los indígenas, el movimiento gay, el postfeminista y el queer. Todo esto forma collage con la subjetivización obrera, que ya no es sino un componente más entre muchos sin la vieja centralidad económica que subsumía bajo su monopolio el resto de las causas. Todas ellas a partir de ahora no podrán más que aspirar a estar transversalmente federadas sin primacía de una de ellas ni subordinación de las restantes.

Roi>>> La idea de que el conflicto económico ha perdido su centralidad yo la considero falsa. Parte de una confusión. Si lo económico se define como la lucha salarial, o sea, como una lucha en el terreno de las relaciones mercantiles, del intercambio capital-trabajo, entonces es correcto. Pero esta es la manera en que el sistema capitalista presenta la lucha de clases. En realidad el antagonismo de clases tiene su raiz estructural en las relaciones de producción, entendidas como relaciones en el proceso de trabajo y que asumen la doble forma del valor de uso y del valor de cambio, de la organización técnica del trabajo y de la división salario-plusvalía. Desde el punto de vista de que la relación productiva es la raiz de que el trabajo se aliene y se convierta en actividad productiva de capital, sigue siendo central. Pero esta centralidad no se manifiesta sólo en formas laboral-mercantiles (luchas salariales), sino que se hace efectiva en todos los conflictos sociales, que se convierten en conflictos entre capital y fuerza de trabajo, por más que adopten múltiples formas distintas. No se trata de reducir los conflictos sociales a la vieja categoría uniformizadora de “conflictos obreros”, sino de saber ver su contenido de clase junto con su diversidad de formas, y de entender esta combinación como algo necesario y fructífero, que hay que desarrollar. En esta línea tanto es necesario resaltar los contenidos de clase implícitos en las luchas sociales como trabajar en el desarrollo de sus formas diferenciales necesarias. Y en este punto me parece que la visión que expresaste anteriormente de que, por ejemplo, el movimiento feminista no tiene que tener su organización autónoma es errónea. Si esta organización tiene que crearse como algo separado del resto, o si se puede insertar en un movimiento u organización más amplios, es otra cuestión, meramente formal. <<<

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Antón
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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:17

Citación:
La polinización de los antagonismos contraculturales y anticoloniales sobre el campo global provocó a nivel mundial lo que los “científicos sociales” llamaron en los setenta “la crisis de gobernabilidad”, o como la llamaría alarmado Samuel Huntington en el 1973 en un informe para la Comisión Trilateral : “el exceso de democracia”. La respuesta fue un movimiento de huída, recuperación y ofensiva hacia el neoliberalismo y el capitalismo cognitivo, en el cual cobraba especial importancia el trabajo inmaterial y los flujos desterritorializados de capital financiero global. Al mismo tiempo perdían poder el estado y las organizaciones obreras.
Para aplastar el levantamiento antagonista se recurrió a la represión física (especialmente en el 1977 italiano), al aumento salarial y también a la movilización de la población reaccionaria (como hizo De Gaulle en Francia). Se recurrió a la cultura del miedo reconstituyendo un deseo cancerígeno (preso del pánico) por medio de la subjetivización a través de la “amenaza comunista” (especialmente en EEUU, pero no sólo allí) y también mediante la subjetivización en la estética y los mundos producidos por el espectáculo. De la sociedad disciplinaria se pasó a la sociedad de control.
A pesar de la represión y los modos de subjetivización, si no fuese por toda esa enorme masa de ciudadanos a los que les irritaba la contracultura y la izquierda, el movimiento no se abría podido parar. Pero una vez movilizada la población reactiva, tras la desarticulación de los movimientos los gobiernos y las empresas se encontraron con otro problema nada despreciable, por lo demás imposible de eludir: la radical transformación de la subjetividad, cultural y deseante, no afectaba solamente a los sectores insurgentes sino a capas sociales mucho más amplias. El cuestionamiento de las viejas instituciones disciplinarias y normalizadoras era algo mucho más general: desde la fábrica a la sexualidad, desde la familia a la escuela y el estado. La respuesta a esta subjetividad suave, flexible, creativa, anti-laborista, hedonista e indisciplinada fue el neoliberalismo y el capitalismo cognitivo. Fue una innovación reactiva o más bien una rufianización, como prefiere llamarla Suely Rolnik. Esta rufianización captaba e instrumentalizaba lo que inventaron las subjetividades en los sesenta y setenta, innovaciones que, como decíamos, ya venían de atrás, desde los dadá y los surrealistas e incluso antes. El capitalismo cognitivo instrumentalizó sus formas de vida, deseos, creencias e ideas. El trabajo intermitente y flexible pasó de ser una línea de fuga contra el fordismo a convertirse, en el postfordismo neoliberal, en un mecanismo de control sobre la psique y el cuerpo; se metamorfoseó en precariedad. La innovación artística fue capturada y vendida como pop art, como en la obra de Andy Warhol. Frente aquello que los dispositivos capitalistas ya no tenían capacidad de combatir porque poseía mayor poder de seducción que el propio capitalismo, tal fue el caso del feminismo y puede llegar a serlo del movimiento gay hoy, la cultura hegemónica terminó por ceder pero institucionalizándolo y desarmándolo de sus deseos más revolucionarios. La maquinaria de la Sociedad del Espectáculo caminaba arrasando las singularidades formadas desde “abajo”, y creaba mundos perceptivos con forma maniaco-depresiva: por un lado la disciplina del terror-odio (al comunismo, al Islam, al terrorismo en general, al paro o no renovar el contrato); por el otro lado, creaba mundos apoteósicos, simulaciones publicitarias de una sociedad de “consumidores felices”, vidas excitantes, exuberantes o elegantes, dinámicas o misteriosas y sensuales inscritas como cuerpo simbólico-deseante sobre los productos y sus marcas.


Roi>>> Pienso que aquí caes en la misma unilateralidad del obrerismo italiano, que quiere ver todo motor en la lucha de clases. Pero mientras estemos en una sociedad alienada, el desarrollo social es un proceso ciego, que en la sociedad capitalista es motorizado por el automovimiento del capital. Por ejemplo, si bien puede decirse que la flexibilización del trabajo fue recuperada por el capital, ello no hubiese sido posible si no fuese por las transformaciones tecnológicas que redujeron la necesidad de mano de obra y facilitaron los procesos de relocalización y la organización directamente global de la producción (no sólo la intensificación de los intercambios globales). Todo esto es importante porque hace que esas recuperaciones no sean reversibles y sea necesario formular una perspectiva superior para poder combatir la dominación capitalista en su intensidad y complejidad actuales.<<<


Citación:
Las tecnologías de la gobernabilidad (desde la precariedad laboral a la Sociedad-Espectáculo , pasando por la cultura del terror) recrearon el mundo. Pero muy al contrario de lo que parecía deducirse de los análisis frankfurtianos y situacionistas, los dispositivos materiales y culturales capitalísticos no pudieron ni pueden recrearlo a su antojo ni a su imagen y semejanza. De la misma manera que la reestructuración neoliberal y cognitiva del capital fue el resultado de la crisis provocada por las transformaciones subjetivas de la multitud, que le obligó a reinventarse y le delimitó los límites de su movimiento de respuesta posible, con la producción del espectáculo pasa lo mismo. De hecho, el capitalismo espectacular se fue forjando a través de todos los cambios operados en las décadas anteriores a su irrupción. Al margen de las cuestiones tecnológicas, la industria pornográfica no podía haberse extendido si no fuese por el continuo minado de la moral victoriana (creció a la par que ésta implosionaba); por mucho que las tecnologías de la comunicación progresasen, la industria musical no se hubiese revolucionado en los sesenta si no fuese por la invención de la juventud, que ha su vez no sería nada sin las fugas producidas en las décadas anteriores (especialmente con las músicas negras) y que finalmente dio lugar al rock y luego al pop, el punk, etc. Pensar las innovaciones culturales, económicas o tecnológicas como algo reducido a la productividad de las elites es mistificarlas por endiosamiento. El funcionamiento del capital bien pudiera ser a la inversa, es decir, producir a través de la captura de la cooperación de cerebros que se da en su afuera, reempaquetando y resignificando lo que vende a aquellos mismos que inspiran y hacen posible lo que compran. Este reempaquetaje y esta resignificación es la función más íntima del marketing y por eso existen los estudios de opinión y de mercado: necesitan que la multitud hable, sino estarían ciegos y sordos y les resultaría muy difícil vender algo.


Roi>>> Esta es otra expresión de que el capital nunca es otra cosa que alienación de la actividad humana, se alimenta de ello porque es su esencia misma. Es la alienación en los contenidos que esto implica, por ejemplo alienación de la expresión artística, del modo de vida en general, lo que es más importante y no, como se prodiga tanto hoy, la “mercantilización”, el hecho de que todo asuma la forma mercancía. Esto es sólo una consecuencia. Desde este punto de vista, el espectáculo en sí mismo, como modalidad de actividad humana, es más importante que su contenido comercial. Los espectáculos “alternativos”, como toda la extrema izquierda “autónoma”, es incapaz de superar la dominación capitalista porque cree cuestionar el capital donde sólo cuestiona la forma mercantil de las relaciones sociales. En consecuencia no favorece una praxis que suprima el capital, sólo la creación de “espacios autónomos” o de políticas sociales que no se sostienen. <<<


Citación:
No pocos obreristas consideran que tal mutación de la composición antagonista fue una verdadera catástrofe, pues liquidó las “verdaderas” formas de lucha revolucionarias (es decir, proletarias) y con ellas las garantías sociales que había logrado. Según este tipo de interpretaciones, sería por culpa de la contracultura que lo que se conquistó con el wellfare state se perdió en el nuevo workfare world. Los izquierdistas, sociólogos y politólogos anclados en las viejas formas dialécticas y políticas clásicas no son capaces de comprender las nuevas formas de conflicto, de igual modo que no se dan cuenta de que lo que realmente acabó con el obrerismo no fue ninguna antitesis externa sino la propia fuerza de la diferenciación inmanente: fueron los propios obreros los que implosionaron el obrerismo. El obrerismo desearía que la gente fuese por siempre proletaria, al menos hasta el momento de la llegada de la revolución social. Lo desea pues sin esta condición no se puede cumplir su programa: la revolución proletaria a través de la agudización de las contradicciones económicas. Sin embargo, el propio movimiento obrero, con las conquistas que consiguió (ya fuese directamente a través de reformas o indirectamente a través de la presión de las tétricas “revoluciones victoriosas”), fue él mismo quien se liquidó en tanto proletariado, cumpliendo el sueño marxista en el mundo capitalista del funcionariado wellfare.


Roi >>> Porque lo que el obrerismo representa es la cosmovisión reformista de la clase obrera, mientras que la revolución es la autonegación práctica del proletariado. Es esta doble realidad -que el proletariado es clase, pero que su lucha consiste en la supresión de las clases y por tanto de su propio carácter de clase- lo que se manifiesta aquí y que el obrerismo no puede asimilar. Pero decir que todo esto acabó con el proletariado como tal, con la perspectiva de clase, es erroneo y confusionista. Tu pareces optar por las tendencias meramente opuestas al obrerismo, que llevaron a la ideología del fin del proletariado, en lugar de superar tanto el obrerismo como su oposición “crítica”. Necesitamos ir más allá. <<<


Citación:
La liquidación y crisis del obrerismo fue provocada por él mismo, desde dentro. La emergencia contracultural lo que hizo fue librarse de un plumazo de ese caparazón pútrido, asestarle el golpe de gracia a un organismo irremediablemente moribundo. Estos revolucionarios no acabaron con el wellfare state, aunque cierto es que tal formación fordista no la querían para nada, sino que combatieron creando nuevas posibilidades, transmutando la subjetividad en vectores radicalmente revolucionarios y todavía no explosionados. Como decimos, si no hubiese sido por ellos las décadas que los siguieron hubiesen sido mucho más intolerables. También han creado posibilidades para nuevos combates, un potencial revolucionario nada despreciable.
El devenir capitalista de los últimos dos siglos ha creado una eco-crisis suicida, cuando no apocalíptica, pero la generalización de la subjetividad-verde (más que marginal hasta los años 1970) significa un rayo de esperanza, si es que conseguimos revolucionarla y agenciarla con el resto de las fugas. Sin una subjetividad-verde, que duda cabe, la especia humana estaría irremediablemente condenada a una extinción prematura. Las luchas de las mujeres, de los gay y queer han conseguido visualizar la sexualidad y el género como vectores en los que se cristaliza la dominación, territorios de lucha tan importantes como cualquier otro. El devenir migrante global nos recuerda que sigue existiendo un colonialismo en esta era postcolonial y vuelve a poner en crisis la gobernabilidad del estado-nación y su exclusión fronteriza. El radical rechazo de la ética del trabajo (el trabajo como dignidad, como valor en sí mismo) y la revalorización del placer (desestigmatizándolo) posibilita transformaciones en la vida y contra los principios burgueses de la Economía Política mucho más revolucionarias que las que se podían haber logrado a partir de las enunciaciones del viejo obrerismo en sus “años gloriosos”. Éste, en el plano ético-vital, no era sino una imagen-espejo del puritanismo burgués (igual de ascético, panóptico, disciplinario y productivista).
Más allá de los pesim-ismos claudicantes y de los hundimientos en tierra cual avestruz (“nada nuevo bajo el sol, yo sigo como siempre con la verdad”), lo importante es seguir de cerca el fluir de los cambios y beber de sus emanaciones; discernir las posibilidades y “las oportunidades no realizadas que duermen bajo los pliegues del presente”, sin nostalgia del mundo obrerista desvanecido y combatiendo no ya al viejo enemigo sino al nuevo. Si el post-anarquismo ha de ser algo, ha de ser una política de la experimentación que nunca se deje atrapar en las “verdades” ni en las formas acabadas. De ninguna otra manera se puede ser revolucionario. ¿Acaso hay un fin de trayecto en el itinerario de la caravana revolucionaria? Ninguna parada tiene por nombre “revolución”, pues la revolución es precisamente lo contrario a cualquier parada.


Roi >>> Efectivamente, creo que la gran conclusión que hemos de sacar es que hay que impedir toda fosilización, rigidización, estancamiento, en las formas de pensar, actuar y organizarse. Pero esto, voy a subrayarlo, es sólo constatar lo que el pasado nos enseña. Sólo es un nuevo punto de partida y un enfoque general. Pero todo esto hay que concretarlo en propuestas teóricas, organizativas y de acción. Los teóricos postmodernistas “autónomos”, en parte porque se trata de intelectuales en el sentido tradicional -y me refiero a Deleuze, Guattari, Negri o Foucault-, no han sido capaces de concretar nada de esto. Sus textos son una sucesión contínua de abstracciones lógicas sin proyección práctica definida y este artículo persiste en esta línea demasiado. En tanto intentáis dar un enfoque práctico acabáis con vaguedades sobre el papel del anarcosindicalismo, el movimiento antiglobalización y demás, lo que en la práctica configura una política de apoyo crítico a lo existente y no de ruptura revolucionaria. <<<

Citación:
Para poder seguir la variabilidad de lo humano y sus posibilidades, para abrazar la diferencia y las políticas de la experimentación el anarquismo debe librarse del lastre decimonónico que en buena medida aún pesa sobre él, tanto en los sectores obreristas como en aquellos, por llamarlos de alguna manera, autónomos.
Si una de las grandes corrientes socialistas fue revolucionaria para sus tiempos, en el momento de la 1ª Internacional, esa fue la anarquista. El comunismo marxista, que con bastante fidelidad implementó en Rusia Lenin, era la perfecta imagen exagerada del primer capitalismo industrial; en concreto, del capitalismo de guerra alemán de cuyos trust estaba Lenin enamorado. El panopticismo bolchevique, su arte monumental, sobrio e industrial, su culto stajanovista a la ética del trabajo fueron la exageración del mundo contra el que se debiera alzar.


Roi >>> Lo dicho, en cuanto al análisis práctico sigues en el terreno tradicional. Identificar el bolchevismo con el marxismo es, por lo menos, reduccionista, y no tiene en cuenta nada de la confrontación abierta entre los partidarios del bolchevismo y los comunistas de izquierda que evolucionaron a posiciones antibolcheviques. En lugar de hacer un estudio de esto, te limitas a repetir un dogma ideológico y no explicas nada. En lugar de eso, luego identificas “marxismo” y “anarquismo obrerista”. Te mueves en el barro ideológico y así no se avanza nada. <<<

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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:19

Citación:
Lo cierto es que tanto el marxismo como el anarquismo obrerista estaban dentro de la familia de enunciados que la burguesía industrial había creado como su propia marca identitaria a finales del siglo XVIII y principios del XIX, diferenciándose de las doctrinas económicas de los mercantilistas y los fisiócratas. En efecto, el concepto de clase fue una innovación axial de las doctrinas burguesas, de hecho una pieza axial de su discurso; con tal concepto se diferenciaba de la aristocracia. En general, el socialismo más que una revolución teórica fue una reforma de las doctrinas burguesas. Como el propio Marx admitía en sus escritos del 1844, de lo que se trataba era de tomar todos los conceptos burgueses, aceptar su lógica y llevarla a su última consecuencia. Si la Economía Política , al menos desde Ricardo, interpretaba lo que conceptualizaba como “trabajo productivo” como el fundamento de todo valor y si además ésta quería agenciarse con la idea ilustrada de justicia, en tanto matematización moral, la última consecuencia del pensamiento de la Economía Política , decía Marx, debía ser el reintegro de la plusvalía (un concepto de Sismondi) a la clase trabajadora, al proletariado (otro concepto de Sismondi). El socialismo en lugar de crear nuevos mundos perceptivos se limitaba a redireccionarlos, conservando sus valores y su moral. Esta era una de las razones por las que Nietzsche concluía que los socialismos (marxista y anarquista) eran resentimientos: un re-sentimiento de las ideas y valores del amo.
En lugar de entender la vida en su conjunto como instancia productiva y el concepto de trabajo como una captura de la misma, el socialismo se limitaba a reproducir la lógica económica y la universalizaba: el materialismo histórico no es otra cosa que el arte de subsumir el pasado y toda la posibilidad futura en su presente burgués, interpretando la historia como una dialéctica de la economía y silenciando la multiplicidad y la diferencia bajo el manto del positivismo del cual no podía escaparse (“siempre hubo trabajo, siempre producción, siempre medios de producción”, aunque nadie hubiese pensado ni organizado su sociedad en estos términos antes). En la metafísica de Marx y Engels, la interpretación que la burguesía había elaborado se convertía en idea universal y también en la determinante del resto de los deseos y códigos (determinismo económico; determinación por la infraestructura). De esta manera, los socialismos no podían devenir en una crítica total ni siquiera a través de su concepto de explotación pues la plusvalía no es sino una parte pequeña de ésta; si la “explotación” tiene sentido lo tiene como forma de captura extra-económica. Lo que explota el capitalismo no es sólo la plusvalía del “trabajo” sino la creatividad de la vida en su conjunto. Si la explotación tiene sentido lo tiene entendida como bioexplotación.


Roi >>> Me parece mentira que repitas estas opiniones vulgares sobre el materialismo histórico. Toda la teoría negriana de lo “bio” ya está implícita en el materialismo histórico. Sólo hay que saber leer y no manejar opiniones de segunda mano. De la misma manera, el concepto central de Marx no es el de clase sino el de trabajo alienado y la comprensión de la sociedad presente como producción de vida alienada. Lo que Marx quiso hacer fue fundamentar esto a nivel de la comprensión económica e histórica. Si hubo gente que abstrayó estas teorizaciones de su principio fundamenta y de su orientación práctica, es algo que no puede imputársele a Marx. Otro tanto podría decirse del “obrerismo” de Bakunin. Y sobre el “socialismo”, no tienes en cuenta la diferencia histórica de socialismo y comunismo, razón por la cual el término “socialismo” fuera rechazado tanto por Marx y Engels como por Bakunin. En lugar de hacer un análisis de todo esto, lo que requeriría extenderse mucho, lo resuelves todo con una cita de Nietzsche. Por eso me parece que tu visión de las cosas acarrea numerosos prejuicios contrarrevolucionarios, cuyo primer rasgo es que son excluyentes y uniformizantes, no favorecen una cooperación. Y si volvemos a “pluralidad sí”, pero siempre dentro del marco de la “verdad revolucionaria”, entonces estamos todavía en el terreno de la política burguesa y del reformismo. Además, tus fuentes teóricas son tan criticables como las que criticas aquí, pero esa crítica no la haces. <<<

Citación:
Tan sólo unos pocos pudieron crear mundos políticos fuera del zeitgest burgués; hasta cierto punto tal fue el caso de excéntricos como Stirner o Fourier. Ahora bien, aún así, aún sin poder escapar de los enunciados de la Economía Política , el anarquismo consiguió desarrollar una crítica parcialmente revolucionaria al radicalizar ciertos principios ilustrados (como el de la igualdad y la democracia) y al rechazar de manera radical otros (como el concepto de soberanía). Sus rechazos e innovaciones consecuentes, agenciados, dieron lugar a una singularidad política. Su rechazo a la soberanía como forma de gobernanza, su rechazo a la forma/estado, a la política representativa, a no pocas formas de autoritarismo y dominación formaron un nuevo terreno discursivo que, además, felizmente se imbricó con lecturas de la historia más abiertas que las de la teleología marxista, al estudiar la historia también desde “abajo” y en positivo (el papel en el cambio social del “apoyo mutuo” en Kropotkin, por ejemplo). Este anarquismo, junto con el utopismo que preconizaba la revolución aquí y ahora (especialmente el de Fourier y sus falansterios pasionales) y aquellas otras líneas de fuga proto-ecologistas, feministas y alocados (de Stirner a Nietzsche o entre-siglos Alfred Jarry) fueron la verdadera contracultura de la segunda mitad del XIX. Fueron estos innovadores, que habitualmente entretejieron su diferencia antagonista desde el romanticismo, los que crearon los nuevos mundos posibles y alternativos al mundo capitalista-burgués-puritano-disciplinario. Formaron nuevos universos subjetivos susceptibles de ser imaginados, deseados y materializados.


Roi >>> Esto que dices supone que eres partícipe del fetichismo democrático y del fetichismo organizativo que siempre ha caracterizado al anarquismo. Precisamente por querer ver todo el problema en las formas democráticas de organización el anarquismo ha sido derrotado. Ese mismo problema tampoco lo consiguió resolver el insurreccionalismo, pero por lo menos lo intentó. El problema consiste en que lo que importa no son las formas, sino el contenido social de la actividad de los individuos y el desarrollo de sus capacidades y necesidades. Insistir tanto en la importancia del “deseo” y luego enfatizar las aportaciones del anarquismo clásico en su lado fetichista es contradictorio. Yo en cambio enfatizaría el concepto mismo de anarquía como proceso de autoorganización creativa que suprime lo existente y la importancia dada al desarrollo individual y a la cooperación libre, no sólo a la libertad formal. <<<

Citación:
El anarquismo posterior, el del primer tercio del siglo XX, fue una galaxia frenética de experimentación constante con las ideas, las formas de vida y las distintas filosofías. El proto-ecologismo encontró en este medio, aunque fuese en sus márgenes (naturistas, naturalistas y salvajistas), un terreno fértil. De la misma manera lo encontraron las distintas filosofías o las políticas del “amor libre”. Empero, la mayoría seguía siendo obrerista y positivista, firmes creyentes de la Verdad de la Ciencia , el Progreso y el proletariado como “objetividad” revolucionaria. Un buen ejemplo de esto sería el caso de las famosa y doctrinaria Escuela Racionalista de Ferrer y Guardia. Como en el anarquismo decimonónico, en este anarquismo se entrelazaban los anteriores vectores revolucionarios con los vectores más reaccionarios: el dogmatismo cientista y el positivismo, la sumisión al pensamiento de la Economía Política , la subsumición de las luchas en el sujeto-proletariado. Por supuesto, debemos tener en cuenta la contingencia: las cosas son más o menos reaccionarias o revolucionarias según su contexto; una vez han cambiado los tiempos, estas articulaciones reaccionarias hoy lo son doblemente.
Más tarde, con la explosión contracultural de los 60/70 algunos anarquistas intentaron estar a la altura de los tiempos y lo consiguieron; tal fue el caso de Paul Goodman. No obstante, la mayoría seguían fieles a un “anarquismo clásico” fundamentado, además de en lo económico, en otras dos cuestiones que es necesario no dejar sin criticar: (1) cierta concepción occidental y universalista de la naturaleza humana y (2) un moralismo que tal cosmovisión lleva implícito. Se trata de una posición epistemológica que aún hoy, tras el paso y la asimilación de tantas otras ideas igual de humanistas (especialmente freudo-marxistas y situacionistas), igual de ilustradas, sigue siendo mayoritaria entre los activistas y teóricos libertarios, todavía sujetos a esa metafísica de raigambre platónica, kantiana y hegeliana, ilustrada y a la vez cristiana; moderna, demasiado moderna.
Generalizando, el anarquismo clásico partía de la idea que había construido la Ilustración sobre la naturaleza humana. Era según esta naturaleza, una y eterna, que existía un bien y un mal universal, más allá del tiempo y más allá del espacio. Como brillantemente entendió Stirner, lo que hacía la ilustración y el socialismo no era otra cosa que matar a Dios para colocar en su lugar otro juez igual de trascendente, abstracto y supremo. A este nuevo dios secular lo llamaron “ la Humanidad ”. El juez trascendente humanista descendía de la montaña con las tablas del dogma bajo el brazo, dictando la moral no ya por mandato divino sino por su correlato secular: la naturaleza, las necesidades, los derechos naturales. El problema, protestaba Stirner, es que la Humanidad abstracta no existe, es sólo un fantasma. Su planteamiento era demasiado solipsista como para poder aprehender la poietica de las relaciones que se dan entre los cuerpos y seguía demasiado apegado a la concepción cartesiana del sujeto, pero de alguna manera en su rechazo a Hegel se volvía contra el universalismo, la normalización y, como más tarde harían Nietzsche, Deleuze o Foucault, afirmaba la diferencia (la unicidad de los cuerpos), la voluntad y también cierta multiplicidad (aunque fuese entre sujetos-Uno). Stirner colocaba en el centro de la política el goce, la voluntad y el deseo y no ya la moral o la ley de la naturaleza humana. “¡Dios ha muerto! ¡Matemos ahora al hombre!” –Gritaba.
Aunque de una forma muy diferente, esta sensibilidad por la multiplicidad y su contingencia será la que retomen los teóricos postestructuralistas surgidos del agenciamiento de enunciados, creencias y deseos de los años sesenta y setenta. Para los post-estructuralistas tenía una importancia capital el estudio de lo que para cualquier política de la experimentación debe ser primordial, esto es, el estudio de la producción de (nuevos) enunciados, la producción de mundos perceptivos y mundos vividos diferentes. Esta cuestión es clave para cualquier política revolucionaria: ¿Qué otra cosa es la revolución sino producir nuevos agenciamientos sociales, deseantes y culturales? Lo reaccionario es siempre aquello que se opone a lo revolucionario, y por tanto a aceptar que puede haber distintos planteamientos más válidos y que algún día, alguna vez, han de producirse otros que funcionen mejor que los primeros. Atendiendo a este estudio de la diferencia los postestructuralistas deconstruyen los universales, la moral o Juicio de Dios.


Roi >>> La revolución es al mismo tiempo transformación y autotransformación, cambio social y cambio personal. Esto ya lo decía Marx en las tesis sobre Feuerbach, donde además critica la noción estática de la naturaleza humana. Me parece que el énfasis que pones en los “agenciamientos sociales, deseantes y culturales” es unilateral. Hay que entender que tales agenciamientos son un resultado de la praxis y por tanto es este “actuar” lo que importa. De determinada modalidad de actividad humana se deriva una expansión o contracción de la subjetividad y unas formas de organización adecuadas. Si la gente se expande en su visión de la vida es porque su actividad ha cambiado, ha proporcionado nuevas experiencias. Pero esto es previo. <<<

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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:21

Citación:
La moral es siempre reaccionaria. Es aquello que estipula qué es el bien y qué el mal, qué lo natural y qué lo contra-natura, qué lo normal y qué lo aberrante, y lo fija y nos atrapa en este encorsetamiento a través de las ideas trascendentes. Se puede decir que esto o lo otro es bueno o malo para conseguir tal o cual cosa que se desea, pero esto ya no sería un juicio moral sino funcional (a esta pragmática la llamaremos ética política). Partir de esta ética será la postura que defenderían, si bien de distinta manera y con distintas conclusiones, Stirner, Nietzsche, Deleuze y tantos otros. La moral, en cambio, no se expresa en estos términos. Para ella hay un Bien y hay un Mal independiente de los deseos de unos y otros, como también hay unos “intereses objetivos” independientemente de los deseos y subjetividades de los “interesados” (por ejemplo: el interés de la clase obrera sería objetivamente contrario al de la capitalista). El peligro en este tipo de pensamiento es evidente. Cuando el problema se plantea en términos de verdad esencial (moral o “intereses objetivos”) ya no es necesario atender a los deseos de los implicados. Por el contrario, cuando uno se aproxima a la realidad desde una ética-política construccionista uno puede comprender que los “intereses objetivos” son siempre subjetivos, que un obrero por mucho que sea obrero si desea el fascismo su interés real (subjetivo) descansará en la patria, el führer, etc. Un deseo cancerígeno, que aplasta los del resto y en última instancia un deseo suicida que destruye el propio cuerpo deseante, pero un deseo, no ideología ni “falsa conciencia”.



Roi >>> Aquí es importante señalar que, por ejemplo, el materialismo histórico diferencia entre necesidad e interés. El interés es la forma social de la necesidad. Por eso, un obrero tiene necesidad de luchar contra el capital, pero eso no significa que su forma de actuar sea coherente con ello. El deseo es la forma psicológica de la necesidad, es un interés en potencia o abstracto. Si el deseo se exterioriza asumirá formas dependiendo de la conciencia que el individuo tenga acerca de sí mismo y de la sociedad. Por eso el deseo puede ser “cancerígeno”, pero de ello no se deriva que no esté determinado por una falsa conciencia de la realidad. Si lo que quieres decir es que el deseo reaccionario supone una actitud reaccionaria activa, o sea, que l@s obrer@s individuales pueden actuar como contrarrevolucionari@s, no estás más que dándole vueltas a una evidencia histórica. La cuestión es por qué y cómo cambiarlo, y a eso no respondes. Todo esto no puede explicarse más que sobre la base de la categoría de alienación y del analisis histórico concreto, todo lo demás son vaguedades. <<<

Citación:
En virtud de los absolutismos de la verdad, pensando que lo que uno entiende por los “intereses objetivos” han de serlo para todos, se está allanando el camino para que prolifere el micro-fascismo dentro de los propios revolucionarios, como el fue el caso del nuevo despotismo ilustrado soviético. Cuando se entiende que los intereses son el resultado de una creación subjetiva, cultural y deseante, el problema ya es otro: buscar las formas de hacer más gozoso el deseo y la cultura, crear los más deliciosos intereses, para uno y con el resto. De la lógica absolutista de la verdad pasamos a la lógica relativista del diálogo.


Roi >>> En el marxismo original el concepto de lo “objetivo” no tiene el sentido leninista burdo de “lo real”. Lo objetivo es siempre en relación a un sujeto, en oposición a la subjetividad. Si determinados intereses se hacen “objetivos” significa solamente, desde un punto de vista histórico-materialista, que han sido reconocidos como una realidad efectiva por sujetos determinados. Lenin quiso formular un concepto absoluto de objetividad para hacer el conocimiento independiente de la subjetividad, y al hacerlo sólo ocultó los intereses de clase implícitos en la intelectualidad radical rusa que formó y dirigió el partido bolchevique. Como para Hegel, lo objetivo y lo subjetivo son categorías relativas, y a diferencia de Lenin existen distintos niveles de “realidad”. <<<


Citación:
En el plano político la fracción del movimiento contracultural o autónomo se mostró más dinámico. Estuvo en la primera fila del movimiento okupa y de los centros sociales, y participó (también aquí los sindicalistas) desde el inicio en el movimiento insumiso contra el militarismo o en caleidoscópico movimiento alterglobalización. Sin embargo, el obrerismo en su propio terreno, en la lucha laboral, no ha sido capaz de innovar absolutamente nada. Por él ha pasado inadvertido el cambio de la sociedad industrial a la postindustrial (donde los obreros industriales se reducen al 20-25% de la mano de obra); también pasó inadvertido el cambio del capitalismo centrado en la producción material a este otro donde lo inmaterial cobra especial relevancia. La precarización, flexibilización y temporalidad del trabajo es algo que no ha sabido encajar -por cierto, una gran oportunidad para los sindicatos antagonistas, pues el mundo flexible es mucho más difícil de captar por los sindicatos capitalísticos. Sólo ahora empieza el anarcosindicalismo a intentar abordar el problema, con escaso éxito y cuando ya llevan varios años actuando y visibilizando la nueva situación otros movimientos sociales (biosindicalistas). Las distintas movilizaciones y acciones para visualizar los problemas que van surgiendo (el movimiento de parados, las marchas contra la pobreza, el May Day de los precarios) son siempre elaboradas en otros lugares que les resultan demasiado lejanos y su lenguaje y formas demasiado extrañas, casi incomunicables. De todas maneras, las grandes “luchas” económicas cada vez se dan más en un espacio distinto del sindical. Cada vez más las grandes luchas contra el trabajo se realizan fuera de los lugares de trabajo y los espacios sindicales. Cuando el trabajo es tan temporal la huelga pierde gran parte de su operatividad. Las luchas contra el CPE francés, luchas de la multitud organizadas transversalmente en forma/red, muestran un camino distinto, tal vez el mejor que quede una vez que la huelga general ha sido completamente integrada y espectacularizada en la connivencia de las grandes centrales sindicales con la patronal y el estado.


Roi >>> En resumen, toda la jerga de los “sindicatos antagonistas” significa: apoyo al sindicalismo de izquierda asambleario. Es una política mediocre.
Por otro lado, lo que indica la pérdida formal de la “centralidad de lo económico” es que la lucha ya no puede desarrollarse como movimiento de masas si no asume el carácter de una lucha total contra el capitalismo. Pero todo esto no hace ineficaces las huelgas, lo que hace es en general ineficaces todas las luchas fragmentarias, lo sean en términos espaciales o en términos de alcance social y/o anticapitalista de sus objetivos<<<


Citación:
Este agarrotamiento intelectual, la aferración por otra parte a una filosofía asentada sobre las bases platónicas e ilustradas claramente en desventaja para aprehender las mutiplicidades y para producir innovaciones (debido a la rígida y reificante losa de las esencias, las ideas absolutas y las naturalezas abstractas), unido a un apego no menos fatal a la mítica de un pasado glorioso que imposiblemente se intenta resucitar y que sanciona el presente bajo los términos del pasado, así como el excesivo atrincheramiento dentro de unas políticas identitarias no menos rígidas, esenciales y (auto)excluyentes, todo esto junto, digo, ayuda a explicar la pérdida del carácter activo de la corporalidad anarquista, anarcosindicalista o anarco-autónoma, su prominencia reactiva, especialmente en los sectores obreristas donde todo esto es especialmente agudo. Los sectores autónomo-contraculturales, ávidos por nuevas ideas y descontentos con las heredadas (como muestra la continua proliferación en los últimos tiempos de tendencias y etiquetas) parecen hablarnos de este espacio como una localización más propicia para las políticas de la diferencia y la experimentación; un lugar que en su ruptura con el pasado obrerista, si consigue romper con su purismo, su guettismo y su pasado sesentista todavía demasiado pegado a los conceptos morales y universales, puede configurarse como un actor prometedor dentro del “jardín de las peculiaridades” post-obreristas pero también post-situacionistas y post-freudomarxistas.


Roi >>> Pareces conceder a los “intelectuales anarquistas” un protagonismo que es irreal. La solución a los problemas actuales está en la práctica, la teoría sólo es una mediación. Por eso cuanto más se queda en abstracciones ahistóricas peor. <<<


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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:26

Citación:
El anarquismo ha vuelto la mirada hacia la antropología con entusiasmo: Zerzan, Bookchin, Hakim Bey, David Graeber, etc. Los estudios etnográficos de las sociedades sin estado eran muy útiles para la crítica anarquista de esta institución, en el caso de Bey lo era también para criticar el occidentalismo, para Zerzan lo es para rechazar el mundo actual en su totalidad. En cuanto al postestructuralismo, al margen de unos pocos postanarquistas como Newman, May, Colson o Call, para la gran mayoría de los anarquistas es completamente desconocido, y quien lo conoce ligeramente lo rechaza prejuiciosamente (“¡Postmodernismo nihilista, para ellos todo vale!”). Pero es sintomático que en la academia halla tan pocos simpatizantes con el anarquismo, un hecho que no se puede explicar por el carácter más que minoritario del movimiento o por su crisis o por la crisis general de la izquierda. Argumentos como estos son elusivos, cuando no justificaciones vanas. En el anarquismo prima un cínico anti-intelectualismo que lo vuelve especialmente poco atractivo para los ámbitos “intelectual” y universitario. Se trata de una retórica cínica porque realmente se excusa en el anti-intelectualismo para que no se pongan en duda sus a priori. De hecho, sus propias ideas, obreristas o contraculturales, son también “intelectuales”; son conceptos elaborados entre otros por economistas, freudianos, freudo-marxistas, y que se han popularizado. Todos nuestros conceptos un día fueron difícilmente comprensibles, tal vez excéntricos, poco o nada populares. Tal vez pronto llegue el día en que los enrevesados conceptos postestructuralistas sean tan populares como el concepto económico de plusvalía, la conceptualización freudomarxiana de la alienación, el concepto freudiano de la depresión.


Roi >>> Tu quieres ver el problema en el plano intelectual. Pero las teorías revolucionarias no son teorías “intelectuales”, sino teórias orientadas a la práctica concreta. A diferencia de la concepción burguesa de la ciencia, no se trata de explicar la realidad, sino de transformarla. Y no hay separación entre ciencia y técnica tampoco, por lo que los intelectuales burgueses siempre se han visto poco atraidos por movimientos eminentemente prácticos. El que equipares todas esas teorías altamente abstractas a las teorías clásicas del movimiento revolucionario del proletariado me parece producto de tu incomprensión práctica. Si para ti tienen tanta utilidad como las primeras es sencillamente porque tu no las utilizas, porque no has conseguido entender su utilidad práctica, lo que a su vez es un problema puramente de experiencia práctica y de comprensión de esa experiencia. Es por lo mismo por lo que planteáis en la Revista un apoyo al “sindicalismo antagonista” -y lo peor no es el término, sino a lo que en concreto os referís con ello-, y parece que también un apoyo sumamente acrítico a “todo lo ‘autónomo’ que se mueva”. Así que todas las grandes verdades que enuncias me parecen sólo vaguedades destinadas a la autosatisfacción intelectual de individuos aislados. <<<

Citación:
Si el anarquismo quiere ser revolucionario tendrá que combatir la moral allí donde esté –incluso dentro de los grupos anarquistas. Si quiere volver a ser un cuerpo potente, en el sentido spinoziano de “creador de sí”, “activo” en cuanto creador de valores (Nietzsche), tendrá que superar el resentimiento y experimentar con políticas y también epistemologías capaces de aprehender el devenir y reinventar los mundos: entregarse a la creación de los plurales y la creatividad de lo plural, situándose para ello en la contingencia y desmitificando las naturalezas universales y las esencias trascendentales. Los nihilistas pasivos, decía Nietzsche, son aquellos que como los (anarco)nihilistas rusos del XIX eran capaces de decir no al Juicio de Dios, que le daban muerte pero que no eran capaces de crear nada en su lugar. Los nihilistas activos, por el contrario, dando muerte a Dios abrazaban el eterno retorno de la diferencia para crear y afirmar la vida, que no puede ser otra cosa que diferenciación inmanente. El anarquismo debe ser un nihilismo activo que cree y afirme las “pasiones alegres” del cuerpo (Spinoza) entendido éste como algo no dado sino como algo a construir y con lo que hay que experimentar. “Nunca se sabe de lo que es capaz un cuerpo”.

Roi >>> Este fomento de las “pasiones alegres” me parece que lleva siempre a la libre experimentación de la psicología alienada de los individuos. La necesidad de una expansión subjetiva tiene que ir unida a una autotransformación psicológica, que empieza por un despertar de la conciencia a lo interior. Y tampoco en esta expansión subjetiva está la clave, es sólo una parte. Sin una forma de actividad adecuada no puede llevarse adelante.<<<

Citación:
Hemos redefinido la revolución como la creación de líneas de fuga que agencia nuevos estilos de vida, relaciones sociales, ideas y formaciones deseantes. De tal manera, la revolución siempre es el fruto de un acontecimiento, entendido éste no ya como la resolución de los problemas (como con el paraíso cristiano o socialista) sino, en palabras de Deleuze, como la creación de nuevas preguntas, otros problemas y también la apertura de nuevas y distintas posibilidades de ser. Las “contradicciones” nunca están dadas como datos “objetivos”, muy por el contrario los conflictos son el producto subjetivo de la constitución del antagonismo por las líneas de fuga que agencia un acontecimiento. Las líneas de fuga crean las subjetividades antagonistas y construyen las posibilidades y el deseo del estar en contra.
La eclosión de la subjetividad-verde, feminista, post-feminista, proletaria, anti-racista, indígena, gay, queer, son acontecimientos que plantean nuevas preguntas, crean nuevos conflictos, nuevos estar-contra, nuevas ideas, otras weltanschauung. Al hacerlo elaboran novedosas interpretaciones de qué significa la dominación y también nuevas formas de enfrentarse a ella; cuestiones en las que tal vez otros no habían pensado.


Roi >>> Pero los límites de estos movimientos vienen determinados por su forma de luchar y actuar, que tiene su correlación en el plano intelectual. Así han derivado en una multiplicidad de organizaciones puramente reformistas y se han integrado en el sistema. Para evitar que esto se repita hay que entrar de lleno en el problema de las formas de actividad. <<<

Citación:
Nos hemos referido al 68-77-99 como acontecimientos, también el 56-68-89-91 sería una serie de acontecimientos en el bloque soviético y podríamos hablar de la descolonización como otro más, aunque realmente todos ellos están entrelazados. Hemos hablado de la emergencia de un periodo post-obrerista consecuente de todos estos acontecimientos. En el post-obrerismo se dan unas nuevas posibilidades revolucionarias, pero también persisten trabas que dificultan la conquista de estas oportunidades que están ocultas o manifiestas en los pliegues del presente. Es por esto que podemos concluir que realmente vivimos muy por debajo de nuestras posibilidades y por tanto es legítimo afirmar que el capitalismo es de una pobreza y crueldad escandalosa.


Roi >>> Lo mismo puede decirse si hablamos en términos de capacidad productiva material e intelectual. La decadencia del capitalismo hace evidente que el propio sistema no es capaz de desarrollar el potencial técnico e intelectual que emplea, que en parte ni se aplica y en parte se subemplea. Los límites del capitalismo se hacen patentes de manera integral en la vida social y personal. <<<

Citación:
Son las líneas de fuga –culturales, deseantes, sociales- las que generan la virtualidad de “otros mundos posibles” susceptibles de transformar el mundo actual reactualizándolo. Siguiendo la reinterpretación que Deleuze hace de Bergson, en este proceso hay dos distintos planos de una misma realidad: la diferenciación virtual (creación de problemas) y la diferenciación actual (la solución del problema creado). En estos procesos de diferenciación se producen los antagonismos. Son estas creaciones de diferencia, tanto las virtuales como las actuales, lo que llamamos revolución; según produzcan “alegría” o “tristeza” (Spinoza) las consideraremos desde una pragmática del deseo revoluciones stricto senso o por el contrario innovaciones cancerígenas. En efecto, esto supone un cambio drástico en el concepto tradicional de revolución, más que asociarlo a lo militar –ya sea la toma del poder del estado (marxismo) o su suplantación por otro proto-estado sindical (anarcosindicalismo)- lo liga a la problemática de la creación y la materialización de posibles. Formar deseos y conceptos puede ser tan revolucionario como innovar formaciones sociales. De hecho, no es sino la cultura y el deseo lo que agencia e informa lo social en su entrecruzamiento con el poder, de la misma manera que no es sino en lo social donde se produce lo uno y lo otro. Lo social y lo deseante no son sino dos planos, la micro-política y la macro-política, de una misma naturaleza (Deleuze y Guattari). De esta manera la revolución se vuelve sobre la vida cotidiana y se radicaliza. Es capaz de encontrar elementos micro-fascistas (Foucault) dentro de los propios grupos revolucionarios y combatirlos a través de políticas de experimentación prácticas y teóricas. Es capaz de atender a la revolución en su diacronía y dispersión, también a la constante irrupción cotidiana de lo revolucionario en la porosidad de los distintos planos. Asociada a la cuestión de la creatividad y la ética política, en lugar de los universales naturales y la moral, se vuelve a sí misma revolucionaria superando el reaccionismo de las esencias.

Roi >>> La cuestión es que el deseo no es nada sin la acción, ambos son interdependientes tanto para efectuarse como para crearse. El deseo creativo, el deseo en positivo, es una identificación entre la necesidad subjetiva y la forma práctica de objetivarse. Por eso muchas veces el deseo “anticapitalista” no es más que un deseo -recubierto de falsa conciencia- de amplificar ciertos rasgos de la experiencia “normal” (de la sociedad capitalista, por tanto) suprimiendo otros rasgos “antagónicos”. De esta manera se engendran mistificaciones facilmente.
Por lo demás, el que la crítica revolucionaria práctica no ha de tener fronteras, que ha de llegar todas las dimensiones de la vida de los individuos y colectivos, es algo que asumo plenamente. Pero yo, además, insisto en la dimensión psicológica, que vosotros tendéis a enunciar de manera meramente filosófica, lo que implica omitir cómo la psicología se forma a través de las interacciones sociales. <<<

Citación:
El marxismo clásico, cautivo del mundo que naturalizaba, se movía dentro de los posibles formados por el propio enemigo (capitalistas/obreros, hombre/mujer, ocio/trabajo, etc.) y entendía el conflicto como la mera negación de los roles asignados (Lazzarato). Pensaba el mundo desde el regimen de lo posible y su realización pero entendiendo los posibles como algo ya dado: una esencia humana ya dada que había que realizar. Así, el marxismo y también el anarquismo clásico neutralizaban el regimen de los posibles subordinándolo a la política de la toma de “conciencia” de lo dado. Muy por el contrario, el modo que aquí defendemos es distinto y descansa sobre una interpretación de los posibles asociados a la dinámica de lo virtual y lo actual. Desde esta perspectiva los posibles necesitan ser creados, tampoco hay un mero juego dialéctico y binario: la revolución no es ya la supresión de la asignación del rol marcado sino la innovación de realidades diferentes. Y tampoco lo que se actualiza no es una mera copia de lo virtual: de un mismo problema pueden darse distintas respuestas. Este es el modo en el que según Maruzio Lazzarato se despliegan los movimientos post-socialistas. Éstos, sin perder de vista las alternativas actualizadas (obrero/capitalista, etc.), crean nuevos posibles, nuevos antagonismos que pueden encontrar su actualización a través de los excesos que van produciendo en el juego virtual/actual.

Roi >>> Lo que dices del marxismo es falso. Tienes que estudiar el tema a fondo para ir más allá del “marxismo estereotipado” por la socialdemocracia y su ala revolucionaria. <<<

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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:28

Citación:
En estos tiempos donde la vieja izquierda no ve nada más que “ruinas y derrotas” de lo que un día fueron las posibilidades revolucionarias, llenos sus ojos todavía de las lágrimas por la defunción del periodo obrero, no son capaces de comprender las posibilidades de los excesos que nos rodean y que se han producido en las luchas antagonistas en la intersección entre el poder y el deseo. Mencionábamos las fugas relacionadas con el sexo y la sexualidad, lo mismo podría decirse del género, de la “revolución feminista” y también de las nuevas derivas postfeministas que en lugar de defender una “femenidad natural” deconstruyen radicalmente el género. Entienden que no hay una masculinidad ni una femenidad “por naturaleza” sino que estas categorías son culturalmente elaboradas y que de la misma forma que se ha producido tal identidad de una manera podrían haberse producido subjetivizaciones muy diferentes, también mucho menos rígidas, más flexibles y respetuosas con la diferencia de las multiplicidades, más allá de la limitación actual del género que aún defendían las primeras feministas. Tal está siendo la crítica que desarrollan en la actualidad Judith Butler, Donna Haraway y tantas otras.

Roi>>> A pesar de todas las críticas, valoro mucho este enfoque no derrotista. Pero si no se analizan seriamente los movimientos, no en sus potencialidades abstractas, sino en sus posibilidades efectivas, se corre el riesgo de idealizarlos. Es lo mismo que ocurre con el tema sindical. Hacéis de la abstracción teórica una forma de hacer política. Yo propongo hacer del desarrollo integral de los individuos LA POLÍTICA, llevando a plena efectivación las máximas comunistas (y marxianas) de que la libertad individual es la condición de la libertad colectiva y de que la apropiación de los recursos sociales suprimiendo las clases exige de los individuos el desarrollo de una totalidad correspondiente de capacidades. <<<

Citación:
Más excesos, más deconstrucciones: después del horror de la 2º Guerra Mundial y los levantamientos negros de los 50 y 60 (después en Sudáfrica) la raza fue definitivamente deconstruida y denunciada como una producción cultural que bajo el ropaje “objetivo” escondía una interpretación propiamente racista (Lewontin). Tales deconstrucciones nos brindan la posibilidad de combatir un racismo que, no obstante, parece estar en muchos lugares en aumento. Por otro lado, también la deconstrucción y rechazo de la ética del trabajo en los sesenta y setenta aún hoy plantea posibilidades radicales. El cuestionamiento del significado del trabajo productivo por parte de las prostitutas, las amas de casa o los productores inmateriales facilita una posible popularización de la crítica (que rechace) la Economía Política deconstruyendo sus conceptualizaciones del valor (de uso y de cambio) y el trabajo (productivo/reproductivo/improductivo).

Roi >>> El problema aquí es analizar el “trabajo productivo” desde el punto de vista social. No se trata sólo de rechazar las conceptualizaciones capitalistas, sino de crear otras. Y esto afecta a qué se entiende por clase obrera y por explotación capitalista. Para mi el trabajo explotado por el capital es el trabajo en la “esfera productiva” tanto como en la “reproductiva”. Tampoco hay diferencias esenciales entre trabajo materialmente productivo o improductivo desde el punto de vista de la explotación. El tema que sí es relevante es el contenido de la explotación, que es donde reside la diferenciación. En el “cómo” se explota y en sus consecuencias sobre el desarrollo subjetivo, que son importantes especialmente desde la perspectiva de construir un movimiento unitario que integre las mútiples formas y enfoques de la lucha contra la sociedad existente. <<<

Citación:
Sea como sea, lo cierto es que todas estas fugas forman un material nada desperdiciable. Tenemos en el mundo de hoy mucho más que ruinas; poseemos una actualidad pero sobre todo una virtualidad que si se agencia revolucionariamente, aprovechando las oportunidades, puede llevarnos a un nuevo acontecimiento revolucionario más allá del 1968, más allá del 1977, y del cual los primeros chispazos prometedores se expresan en: (1) la proliferación de un espacio político autónomo y ajeno a las instituciones estatales y para-estatales (las ONG y los sindicatos integrados); (2) la explosión del primer ciclo del devenir global de las luchas que acabamos de pasar; (3) todo ese conjunto de nuevas enunciaciones teóricas que, como el Movimiento de Seattle, aunque sean afirmativas y creen valores, todavía no pueden ser nombradas más que en negativo o por lo que dejan atrás (postestructuralismo, postfeminismo, postmarxismo, postanarquismo, etc.).

Roi >>> Yo creo que hay que abandonar tanto el pesimismo como el optimismo mal fundados. No hay que tener una actitud refractaria ante lo nuevo ni tampoco idealizarlo. Y sobre todo creo que l@s revolucionari@s hemos de mantener nuestra independencia de los movimientos del momento. Nuestro interés tiene que estar en el desarrollo de una cosmovisión revolucionaria. Para ello podemos inspirarnos en los movimientos actuales, en sus prácticas y en sus posibilidades -posibilidades efectivas o potenciales-, pero no hemos de limitarnos a ellos. Porque estos movimientos, sea cual sea su potencial, representan el presente, no la superación del presente, y por más que encierren un fondo revolucionario el problema consiste en dar forma concreta y práctica a ese fondo, lo que constituye el terreno en el que podemos trabajar para cumplir una función de vanguardia. De esta manera seremos capaces de aportar a la gente nuevas perspectivas y propuestas que aceleren su maduración, que agilicen la comprensión de la propia experiencia, que aumenten el alcance de las luchas; de lo contrario, todo será mera charlatarenía. <<<

Citación:
Por último, el agenciamiento de las luchas sobre un espacio propio autónomo/global requiere hoy más que nunca de su articulación con la problemática ecológica en una suerte de ecosofía que transversalice las ecologías medioambiental, mental y social (Guattari). Tal propuesta, íntimamente enamorada de la creatividad, deberá suplantar la locura del productivismo industrial por toda una ética de la poietica inmaterial (deseos, ideas) y de la poiesis material ecológica (innovar relaciones conviviales con el resto de cuerpos biosféricos).


Roi>>> Esto puede ser correcto, pero tal como lo dices suena a flipada total. Como he dicho, todo el texto adolece de inconcrección y falta de perspectiva práctica, y cuando va a lo concreto y a lo práctico se queda en vaguedades o en componendas con el reformismo. <<<

Citación:
Al contrario del desesperado pesimismo que suele ser habitual entre la vieja izquierda revolucionaria (marxistas, situacionistas, anarquistas), hemos mencionado aquí la proliferación de algunos de los muchos excesos presentes que, debatiéndose entre los polos de la alegría y la tristeza, inauguran nuevos devenires posibles revolucionarios. Todo esto lo hemos enmarcado dentro de una teoría del cambio social donde la multitud y la agencia revolucionaria son sustraídas de las sombras a las que muchas veces el izquierdismo las condenaba, reconociendo así su importancia y protagonismo social. Hemos contextualizado estos cambios y posibilidades dentro de una problemática histórica marcando un punto de inflexión y emergencia en el postobrerismo (en su conjunción con el postcolonialismo).

Roi>>> Yo no veo tanto pesimismo como dices y tu optimismo parece fundarse en meras idealizaciones. El problema es práctico, insisto. Si a la hora de la verdad no es posible cambiar la situación, desarrollar los movimientos de lucha, la conciencia, etc., esto es algo “pésimo” para quien quiera reconocerlo, y resaltar unilateralmente el potencial superador no es una solución, porque conduce a omitir las dificultades y la complejidad del proceso de superarlas. <<<


Citación:
Mencionábamos al principio que aunque el obrerismo como paradigma teórico-político ya no es válido, ciertas de sus formas de lucha, en concreto el sindicalismo revolucionario, siguen pudiendo jugar un papel en las luchas sociales. Con las revoluciones y transformaciones simbolizadas por los años 56-68-77-89-99 el anterior periodo obrerista ha finalizado. En el ciclo de luchas obrerista el espacio político estaba triangulado por tres grupos con pretensiones monopolistas: los partidos/estado, las empresas/patronal y los sindicatos de masas. Decíamos que en el modo obrerista el discurso se construía en torno a las categorías económicas y que la subjetividad obrera subsumía a las demás manteniendo con ellas una relación monopólica (del tipo centro/marginalidad o mayoría/minoría). En el post-1968 todo esto cambia. Subjetividades antes minoritarias se convierten en co-protagonistas (feminista, ecologista, antirracista, pacifista, hedonistas) y emergen otras nuevas (queer, indígenas, postfeministas). La triangulación del espacio político se rompe con la irrupción de nuevos actores colectivos. Aparece una nueva forma de hacer política, las formas extra-parlamentarias o autónomas, un movimiento de movimientos plural, disperso, fluido y organizado ya no en una forma vertical o integrada sino que horizontal (forma/red) y cada vez más coordinada o sincronizada. En este nuevo escenario, la antigua pretensión de formar un sindicato masivo que encabezase una revolución ya no parece tener sentido; la vía de la revolución a través del partido lo tiene aún menos. Las posibilidades (virtuales y actuales) del sindicalismo revolucionario se vuelven mucho más pequeñas, no pudiendo ya más que aspirar a ser un elemento más del collage revolucionario. Lo mismo podría decirse en relación a los anarquistas autónomos y también al anarquismo en cuanto tal. El anarquismo fue un enunciado de un periodo histórico concreto; una vez superado éste no habrá jamás una revolución anarquista.


Roi >>> El sindicalismo revolucionario como praxis efectiva no es algo que quepa en la CNT actual, a ver si lo dejamos claro. Tu pareces criticar el sindicalismo y los partidos por pretender ser canales uniformizantes y por sus rasgos autoritarios, pero lo más importante no es eso. Esos rasgos son a su vez la consecuencia de la reproducción de la alienación, que es un problema más profundo. Mientras la organización no consista en una relación de cooperación libre entre individuos sociales desarrollados plenamente como tales, que vean en la cooperación misma (y sobre todo, que sean capaces de hacer de ella) una necesidad y una fuente de plenitud y no un sacrificio, mientras esto no sea así el “antiautoritarismo”, la “democracia directa”, la pluralidad, se quedarán en formalismos más o menos estériles y en la práctica se seguirán imponiendo, aunque sea veladamente, sus contrarios. En la práctica serán minorías las que dirigirán y uniformizarán según sus criterios los movimientos. <<<

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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Miér 31 Ene - 19:30

Citación:
Para la proliferación de las revoluciones moleculares (en la formación social del deseo) y molares (en las formaciones sociales producidas por el deseo) debe atenderse a la problemática del lugar y la estrategia, y que ya no pueden ser pensadas en los viejos términos. Michel de Certau diferenciaba entre táctica y estrategia en relación al lugar donde en cada una de ellas actuaba la agencia. Por táctica entendía aquella acción calculada y condicionada por la ausencia de un lugar propio; por estrategia, aquella que se da en un lugar propio sobre el que se tiene el control y la posibilidad de autoproducirlo. Un ejemplo de esto segundo serían las estrategias que la empresa implementa en su propio terreno para controlar y disciplinar al trabajador (taylorismo, fordismo, toyotismo, etc.). Un ejemplo de las anti-disciplinas tácticas serían las llevadas a cabo bajo la forma del rechazo al trabajo (escaqueo, sabotaje, ralentización de la producción, etc.). El antagonismo necesita un lugar propio si es que quiere realizar y direccionar según su voluntad las líneas de fuga. Es necesario ir más allá de las anti-disciplinas tácticas si es que quiere conquistar los espacios. Hace falta un lugar propio lingüístico y conceptual, un lugar material propio donde territorializar las luchas (como lo son las okupas, los centros sociales o los sindicatos revolucionarios), también un lugar dentro del juego general de la política. Este lugar antropológico, es decir mundo vivido y significado como propio, es el que están construyendo los nuevos antagonismos: el lugar de la autonomía, un espacio de lo común para las políticas no-representativas y externas a aquellos otros lugares de los dispositivos de captura estatal-sindicales, de los partidos o de las ONG dependientes de las empresas y los aparatos del Estado. Desde estos lugares propios y autónomos el antagonismo puede agenciar contra-estrategias (resistencia) y provocar líneas de fuga (ofensivas) tanto materiales como inmateriales, tanto en lo local como en lo global (glocales).

Roi>>> El “antagonismo” no es un sujeto. <<<

Citación:
En esta reconstrucción del antagonismo político, que hoy vemos emerger por doquier en el plano glocal, el anarquismo ha de comprender que ya no podrá ser nada más que una singularidad más del “jardín de las peculiaridades” rebeldes. Su esencialismo identitario, así como sus esencialismos teóricos, son una traba para esta recombinación actualizante. Anclados en el pasado identitario es así que, reformulando un slogan de Bob Black, el anarquismo se ha vuelto hoy una traba para la “anarquía”.

Roi>>> El problema no es el “anarquismo”, sino las ideologías en general. Reemplazar el viejo anarquismo por una ideología “postanarquista” no sirve más que para aumentar la confusión imperante con la excusa de querer resolverla. Todo esto es consecuencia de querer resolver de manera teórica problemas que son esencialmente prácticos. <<<

Citación:
Legítimamente podría preguntarse qué es lo que queda de anarquismo propiamente dicho después de la deconstrucción y reinvención que en este artículo se propone. Su espíritu antiautoritario sigue presente en este relato; la crítica al capitalismo (especialmente aguda en el comunismo de Kropotkin) también. Sin embargo, bien se pudiera afirmar que ya estamos ante algo distinto. Con el post-marxismo pasa lo mismo, y tanto el post del anarquismo como del marxismo tienden a converger. Vivimos un momento de tránsito. Más que el fin de las metanarrativas puede afirmarse que el postmodernismo es más bien un frenético lugar de ebullición mitopoiética. Todavía no podemos darnos nuevos nombres. Somo post y somos anti pero este nihilismo es activo, afirma; no para de afirmar mientras asalta las murallas de la vieja Roma. Si ya no somos lo que éramos, ¿por qué defendemos aquí la etiqueta “post-anarquismo”? La creación de lugares propios (materiales o conceptuales) implica la constitución de una “identidad” grupal. Esta identidad puede resultar una traba para la proliferación de singularidades y fugas, pero siempre es necesaria para poder expresar un común y a partir de allí construir una lucha estratégica. Hay identidades que frenan y atrapan, otras pueden ayudar a agenciar colectivamente fugas y construir nuevos mundos a través de los excesos. Preferimos la etiqueta post-anarquismo a un anarquismo-a-secas pues con ella nos ubicamos en un tránsito, más que un estado fijo nos remitimos a un flujo de intensidades, un camino que no puede estar siempre sino inacabado, también una deconstrucción, y al mismo tiempo conserva la fuerza simbólica del anterior significante y lo reformula para, partiendo de él, superarlo. El post-anarquismo es un estar entre: con un pie en el mundo que muere y otro en el que puede nacer. Se trata de elaborar una identidad que contribuya por fin a darnos ese nuevo nombre, a través de la utopía postmoderna. Con el post-anarquismo señalamos un tránsito y una mutación, una nueva conexión de intensidades.

Roi>>> El proyecto del CICA comparte la idea de que es necesario desarrollar una nueva cosmovisión revolucionaria que supere las divisiones anteriores, pero nos lo planteamos de manera concreta. Mucho menos esto es posible hacerlo en un artículo.<<<

Citación:
El post-anarquismo no debe entenderse como una mera conjunción de anarquismo + postestructuralismo, por mucho que beba de ambos. Más bien se trata de una bandera con la que expresar el deseo de trascender los viejos hormes, de devenir-otro y de agenciar nuestros cuerpos en el flujo virtual y actual de la eterna diferenciación antagonista. Dejar atrás el mundo que nos abandona con todas sus hagiografías y reliquias para crear nuevos mundos a través del despliegue de las oportunidades del presente; cabalgar sobre las líneas de fuga y recombinarse con el otro amigo para innovar excesos por venir, galopar sobre las lisas mesetas y entre las punzantes alambradas de lo cotidiano, en esto consiste hoy la alegría de ser “anarquista”.

>>> El programa del post-anarquismo: “Alicia en el país de las maravillas”. Existe una gran diferencia entre inventar una teoría que “re”interpreta la realidad -y las teorías anteriores-, y crear en la práctica un proyecto de transformación social. Por lo que parece, esto no lo ves claro o no te preocupa. Al final es lo de siempre: todos los “autónomos” que se hacen derivar del anarquismo español, o que han visto en este anarquismo tradicional su referente, no hacen más que reformular esas mismas prácticas caducas, idealizándolas más si cabe y extendiendo la mistificación que identifica todo lo asambleario con lo revolucionario. En esto se resume el lado práctico de la estrategia. Al final, en consecuencia, el problema es siempre la “dirección”, sea esta entendida como minoría de personas o como doctrina teórica. Solo que aquí el concepto de “dirección” implícito me parece sumamente intelectualoide.

Creo que, como conclusión, el artículo está muy lejos de conseguir una reformulación creativa. Aunque está claro que has sabido integrar diversas aportaciones teóricas de una corriente particular -el autonomismo postmoderno, como yo lo denominaría- con la base del anarquismo clásico, ello dista mucho de llegar a un conjunto coherente como proyecto práctico y sigue manteniendo fuertes ataduras a concepciones caducas. Como balance histórico no está muy mal, pero todas las alusiones a la tradición marxista están muy mal fundamentadas y se sustentan sólo en tópicos. Y de todas maneras en el aspecto práctico es más una descripción abstracta de los hechos que una teorización creativa, a no ser que toda la teoría se resuma en repetir de mil maneras distintas la necesidad de la “autonomía”, y para eso de manera también abstracta.

Por mi parte, no creo que este sea el lugar para exponer mis ideas con más extensión. Para ello he escrito ya bastantes cosas a que ya te he referenciado (los artículos en la web del CICA, especialmente el último “El reagrupamiento revolucionario hoy”, o la crítica que hemos hecho al GCI en lo que toca a muchas cuestiones profundas sobre la comprensión del capitalismo, o en la web de comunistas de conselhos de Galiza puedes leer las discusiones con la CCI). En el plano de mi cosmovisión teórica global, en mi web está disponible el libro “Hacia una autoliberación integral”.

http://www.geocities.com/cica_web
http://www.geocities.com/comunistasdeconselhos
http://www.geocities.com/roiferreiro


Para acabar, te adjunto un texto que fue una respuesta a un debate en el foro anarcosindicalista “alasbarricadas.org”, ya hace bastante, que viene al caso del tema sindical. Por lo demás, sobran textos consejistas de crítica del sindicalismo y formulaciones en positivo las encontrarás sobre todo en los textos publicados en el boletín Igneo sobre las Uniones Obreras alemanas, la experiencia y el programa de Cooperación Obreira, etc.

Chao! <<<


Hasta aquí las respuesta que Roi me pidió que postease por él.
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MensajeTema: Re: Debate sobre "Reflexiones post-anarquistas".   Jue 1 Feb - 12:25

Roi, leer tus comentarios me ha causado una cierta tristeza: pensaba que se comprendería de otra manera lo que escribía. Por supuesto, sabía que muchos no iban a entender bien mi crítica a la economía política ni los conceptos postestructuralistas que utilizo (está claro que no estamos en la misma onda cuando defines el deseo como una "carencia psicológica”). Lo cierto es que tal crítica y tales conceptos están muy muy poco explicados; este artículo va a ser un capítulo de un libro mayor donde se argumentará detenidamente todas estas cuestiones. Por tanto, si no se está familiarizado con el postestructuralismo la incomprensión a este respecto la entiendo, al fin y al cabo no se tiene porqué estar familiarizado con este tipo de planteamientos. Lo que me decepcionó es que no entendieses otras cuestiones escritas en un lenguaje común y popular. Por ejemplo, cuando me criticas:

Citación:
Sin embargo, Zerzan supo situar en la derrota del movimiento luddita el factor recuperador de los primeros sindicatos -que por cierto, eran organizaciones de oficio derivadas de la organización gremial feudal, con un carácter aristocrático, no conviene olvidar este origen. Y en cambio Chomsky o Bookchin no me consta que hayan defendido una política revolucionaria, más bien al contrario, no han pasado de ser críticos de la extrema izquierda. Por lo tanto, creo que el balance es más complejo y por lo menos el primitivismo ha ido hacia una crítica más radical.


No sé a qué viene este comentario: evidentemente no estás dialogando con mi texto pues yo no escribía sobre nada de lo que comentas. Simplemente estaba diciendo que había tendencias en el anarquismo que eran incompatibles, es decir, que el anarquismo no es un todo unificado ni nada parecido; criticaba su identidad, nada más. El que no lo hayas querido comprender y me hayas utilizado para hablar de tus propios fantasmas me hace intuir que tampoco tenías ninguna gana de entender lo que digo en el resto del texto. Cosa que me confirma, entre otras muchas, la siguiente crítica:

Citación:
Corrijo parcialmente: estas ideas fueron sobre todo la herencia del comunismo de consejos, no del anarquismo. De ahí grupos como Solidarity, Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista. Tampoco la Autonomía Operaria venía del anarquismo. Los rasgos de esta emergencia, en tanto tocaron de lleno las formas tradicionales de organización, pensamiento y acción del moimiento obrero, tienen su referente en el comunismo de consejos. Porque el comunismo de consejos ya había integrado o desarrollado estas ideas mucho antes y las había implicado en una nueva cosmovisión revolucionaria. Lo que ocurrió en el 68 fue la manifestación práctica de lo que el consejismo teorizó e intuyó de manera más limitada.


Aunque pueda parecer increíble leyendo tu contestación, de lo que estaba hablando es de la contracultura de los años 60. Defender que tal irrupción fue una consecuencia del anarquismo sería del todo delirante -por supuesto no defendí tal estupidez en ningún momento- de la misma manera que sería delirante pensar que la transformación de la subjetividades de ese periodo se puede explicar por el comunismo de consejos... Las malinterpretaciones como estas se suceden continuamente a lo largo de tus respuestas, lo cual me hace sospechar que realmente no has querido dialogar conmigo sino contigo mismo y tus aprioris (por ejemplo cuando al criticar el sindicalismo capturado consideras que me contradigo en mi no rechazo total de la recombinación con el sindicalismo antagonista -por cierto "no-rechazo" no es igual a “apoyo”, de hecho se propone una renovación de las organizaciones: otra tergiversación). Lo que está claro es que has querido leerme como quien lee a un enemigo y en lugar de intentar pensar desde mis postulados para ponerte en mi lugar y así poder comprenderme, has optado por una vía autoritaria: leerme con un juez a la espalda, Karl Marx, y todo lo que contradijese su opinión, sin aportar ningún razonamiento y simplemente por ser la opinión del maestro, lo tachas de “contrarrevolucionaria”, ignorante, ingenuo, etc. Tus respuesta es más bien una hagiografía marxiana; según tú ya todo lo había visto y entendido Marx, incluso todo eso del “bio” (que no es de Negri sino de Foucault, por cierto). Marx nunca pensó en el biopoder; por mucho que criticase la familia, él estaba bien metido dentro del dispositivo de la sexualidad –como la práctica totalidad de la gente de clase media o alta de su tiempo. Otra cosa más, aunque aprecio los análisis de Negri, aunque también critico ciertas propuestas políticas suyas, de ninguna manera me definiría como negrista, ¡es demasiado marxista! (Seguir hablando de proletariado, aunque sea redefinido, para construir un “sujeto revolucionario”, aunque sea un sujeto-multiplicidad, me parece hoy por hoy insostenible: si quieres podemos discutirlo).

Hay otras dos cuestiones que me creo que son bastante reprochables en tus contestaciones. 1. Cinismo; veamos:

El problema no es el “anarquismo”, sino las ideologías en general. Reemplazar el viejo anarquismo por una ideología “postanarquista” no sirve más que para aumentar la confusión imperante con la excusa de querer resolverla.

Sin embargo tú estás en una organización llamada Círculos Internacionales Comunistas Anti-bolcheviques. ¿Comunista no es una “ideología” que “confunde”? ¿”Anti-bolchevique” no es como “post-anarquista” otra “ideología” que “confunde”? La razón por la que se defiende transitoriamente esta etiqueta la explico en el artículo. Por supuesto, en mis argumentos jamás entras: tomas una palabra, la sacas de contexto, redefines según tu visión lo que yo digo (pero no digo) y me echas en cara tu reformulación como si fuese mía (esto mismo es lo que hiciste cuando hablaste del “deseo” prescindiendo del contexto de la subjetividad y subjetivización –constitución del “sujeto”- en la que lo inscribí y tú eludiste).

La segunda cuestión guarda relación con “Alicia en el País de las Maravillas” (¡Hermoso libro!). Según tú eso es lo que es el “post-anarquismo”. He de confesar que no me desagrada tal comparación: el postanarquismo como carnavalización del mundo, podría ser. Sin embargo creo que tu paralelismo con el libro de Carroll no era en el sentido del “mundo al revés”, esencia carnavalesca del relato, sino por su vertiente fantástica, vamos, que quieres decir que es una ingenuidad. Antes ya me habías adelantado que mi política hacia el sindicalismo antagonista era mediocre. También me acusas de que todo lo que digo es abstracto, ¡se trata de un artículo teórico-histórico! Cierto, no hay en él un manual de cómo construir un centro social, alicatar sus baños y recebar las paredes, ¡es que no era el tema! La cuestión era dibujar una interpretación de la historia a partir de la cual proponer una redefinición de revolución (en este asunto ni siquiera entras) y un modelo de “movimiento” (mejor en plural, “movimientos”). No obstante, no creo yo que tu alternativa todos-contra-todos sea mucho menos fantasiosa: ¿Cuántos “consejos obreros” hay formados en tu ciudad?

Perdóname que este escribiendo en este plan, Roi, pero es que me esperaba encontrar otra cosa en tus comentarios, algo distinto que insultos sin razonamientos (al fin y al cabo, cuando decides defender algo te remites a los mismos slogans e ideas-panfleto de hace un siglo por lo menos).

Haré una crítica nada más a lo que dices en relación al moralismo, el autoritarismo y el Juicio de Dios.

[Continúa mi contestación en el siguiente post]


Última edición por el Jue 3 Mayo - 18:20, editado 1 vez
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